El Salón de Madrid se ha reciclado para sobrevivir, adoptando la fórmula de Salón del Automóvil Ecológico y de la Movilidad Sostenible. Ha limitado drásticamente su superficie de exposición y reducido las jornadas al público a sólo tres. Aun así, ha dejado una triste impresión general. El certamen prometía soluciones de futuro. Un total de 34 marcas se citaron para exponer más de un centenar de novedades. Pero a la hora de la verdad, se puso de manifiesto que, hoy por hoy, la llamada nueva tecnología está demasiado ‘verde’ y muy alejada de la realidad.
Hay quien apuesta por los modelos totalmente eléctricos: Audi A1 e-tron, Audi e-tron, BYD e6, Citroën C-Zero, Citroën Berlingo First, Ford Focus BEV, Nissan Leaf, Opel Flextreme GT/E, Peugeot iOn, Peugeot BB1, Renault Twizy, Renault ZOE, Renault Fluence Z.E., Reva i, Reva Beepo Ev Pick-up, Seat IBE, Smart Ed, Subaru Stellam Iveco Daily, Mini E, Tata Nano, Tata Indica Vista EV, Tata Ace EV y el Volvo C30 e.
La mayoría de ellos no están todavía en el mercado y muchos ni siquiera tienen fecha de comercialización. Su gran problema es el excesivo tiempo que se necesita para recargar las baterías y su reducida autonomía.
También hay quien apuesta por la tecnología híbrida que combina un motor de combustible convencional con otro eléctrico autocargable. Es el caso de BMW X6 ActiveHybrid, BMW Serie 7 ActiveHybrid, Peugeot SR1, el 3008 Hybrid4, Honda CR-Z, Honda Insight, Civic, Hyundai iX35 FCEV, Mercedes S400 Hybrid o el F800 Style, el Toyota Auris o el Volkswagen Toureg. Es una fórmula de sobras conocida, de limitadas virtudes medioambientales y elevado coste para el usuario.
Ahí está el quid de la cuestión. Por mucho que las marcas insistan, el precio de estos automóviles ronda los 30.000 euros y sus ventajas para el bolsillo son exiguas.
Creer que la gente está dispuesta a gastar más en un automóvil sólo para contaminar menos es de ilusos.
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